Ejemplos de calaveras literarias mexicanas


Este sitio está dedicado a seleccionar las mejores calaveras literarias y publicarlas ordenadas por categoría.

Son ejemplos diferentes que te servirán para crear tus propias calaveras cambiando algunos detalles o simplemente si te gustan las calaveritas puedes entretenerte leyéndolas.

Si lo que buscas es información sobre las calaveras, sus características literarias, su historia y su relación con el Día de Muertos, puedes entrar a este sitio muy completo.



Calaveras chistosas

Tras mucho tiempo por los campos vagar
la muerte comenzó a reflexionar
que en sus años de juventud
no conoció a un huesudo con diferente actitud.

Siempre los huesos le vieron
pero por no tener carne se fueron
dejándola sola en el abandono
para convertirse lentamente en abono.

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Calaveras cortas

La parquita muy sonriente va repleta de loción,
porque Mario amablemente la invitó a su mansión.


Estaba Julián jugando con un salero,
pasó la muerte y le dijo te quiero.


Estaba Ana en la escuela tomando clases en el salón
se le aparece la huesuda y no la de la dirección.

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Calaveras de maestros

Estaba la maestra Marta fumándose un cigarillo
llegó la muerte y le dijo te acompaño con el humillo
pues yo ya no puedo fumar y si sigue así
le pasará lo mismo que a mí.


Estaba la pobre muerte angustiada por los salones
porque la maestra le dio malas calificaciones.

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Calaveras largas

Chateando estaba la muerte
buscado a quien atrapar
ella se sentía con suerte
un chico empezó a contestar

Dónde te puedo encontrar?
Jorge te dices llamar
a mi casa te quiero invitar
para poder platicar

Es un placer encontrar
una dama para platicar
siempre podemos chatear
pero tu casa no he de pisar

Por las buenas no quisiste
por las malas vas a ir
tímido me saliste
y te vas a arrepentir.


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Calaveras dedicadas

La calle no está mojada,
no hay lluvia ni inundación,
Lore amaneció ahogada,
no se halla la explicación.


Una niña juguetona
era mi hija Arantza,
que no fuera tan glotona
yo tenía la esperanza.

La muerte la sorprendió
jugando en la resbaladilla,
y llorando se marchó
con un golpe en la rodilla.

Ay calaca recanija
que tan mal me has tratado,
te llevaste a mi hija
y me dejaste atolondrado.

En la escuela ella presente
no faltaba ningún día,
aunque a veces algún diente
o la panza le dolía.

Arancita que latosa
ya te fuiste a descansar,
ahora mismo hasta la fosa
tu domingo he de llevar.

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